funcionó
Mi experimento ha funcionado, tras muuuuuchas horas sin dormir hoy he tenido una noche estupenda, he dormido genial y me he levantado fácilmente y descansada. No sé si ha sido debido a una noche de buen sueño, o a que durante estos últimos dos días he tenido que ejercitar mucho mi fuerza de voluntad para no tirarme en el sofá a dormir como un lirón, y así he podido encontrar esa fuerza ahora para salir de la cama (con lo a gusto que estaba yo ahí dentro)
La verdad es que odio la pereza, a mí en general me encanta hacer cosas, suelo estar muy ocupada, y no tengo casi ni un minuto libre para sentarme a atontarme delante de la tele, por ejemplo, pero sí los tengo para salir de fiesta, o ir a ver alguna exposición o a dar un paseo. De vez en cuando tengo alguna temporada en que quiero estar en casa y salir menos, y sí que vagueo un poco más, pero no podría estar todo el día en casa sin hacer nada, sin trabajar, sin estudiar, o sin algo que hiciese que ejercitase algo mi mente, aunque para eso me baste leer o escribir en blogs. Pero en general esas temporadas me duran poco.
Las malas es cuando dura mucho, y con pereza me refiero a no hacer nada un día, ni el siguiente, ni el siguiente... porque cada vez me atonto más y menos ganas de hacer cosas, y poco a poco me voy desanimando y hundiéndome en un pozo sin fondo (si lo tiene está muy, pero que muy abajo)
En cambio hay otros pecados capitales, como son la gula y la lujuria, que me parecen mucho más interesantes, y no precisamente en ese orden. Estos me dan más ganas de vivir, más energía y me hacen estar más alegre y feliz, no entiendo entonces por qué se supone que son pecados. De hecho, el principal problema de la pereza es que atenúa la gula y la lujuria y entonces, sin comer y sin sexo, ¿de dónde se supone que tienes que sacar las fuerzas para aguantar en este mundo?
Otro motivo para estar contenta hoy: me ha llamado la chica del post ilusiones, y si que me ha hecho ilusión, pero me ha dejado preocupada, porque aunque ese día sí lo estaba, ya no estoy emocionada con verla, me apetece, pero no sé nada de ella desde hace un tiempo, y además ni tan siquiera la conocía. A ver qué pasa, pero me temo que ya no estoy tan dispuesta a apostar por ella como antes, no sé si eso cambiará cuando la vea, pero con el cansancio y las preocupaciones de los últimos días no me veo muy capaz de salir con nadie, y, para rematarlo, llevo unos días en los que no paro de pensar en otra persona, creo que no me gusta, pero no consigo que se vaya de mi cabeza.