Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2007.
11/03/2007
mala suerte
Duerme conmigo, Marea
Hay algo en lo que soy muy afortunada, sé que me quejo de un montón de cosas, pero hay algo en mí que me encanta, y no sé exactamente cómo lo he conseguido, pero soy muy afortunada porque no me gusta la gente que no me gusta. No tengo esa tendencia autodestructiva de enamorarme de gente que no soporto y que llegando al extremo me haría daño, de gente que busca lo contrario que yo y no me va a dar más que problemas.
A veces pienso que fue gracias a uno de mis mayores errores, a salir un montón de tiempo con un chico que era posesivo y un celoso patológico, y que me hizo darme cuenta de qué valoro y qué no en una relación, y soy incapaz de enamorarme de alguien que me hace daño. Nunca he sido capaz de decir cómo me gusta Menganit@ es una pena que sea tan gilipollas, no, cuando alguien no me gusta, no me gusta, no tengo que esforzarme en olvidarle.
No puedo decir que nunca, nunca me haya gustado la persona equivocada, pero generalmente esa persona que no me gusta como es deja poco a poco de interesarme. Pero me ha vuelto a pasar. Había un chico que me había gustado hace tiempo, que me parecía una persona interesantísima y que me sorprendió que al volverle a ver este año no me gustase, pero no me gustaba, me había dejado de dar morbo. Aunque hace como un mes coincidimos mucho y me volvió a gustar, me daba rabia que no me diese morbo porque me parecía que era muy egoísta por mi parte que porque fuese feo no me gustase, pero el morbo no se elige, te puede dar morbo alguien feo y alguien guapo, pero cuando alguien no te lo da no hay nada que hacer.
Aún así había un problema mayor, era tímido, y a mí me gusta la gente directa y lanzada, y algo salidilla si hace falta, y no un niño bueno que es todo lo contrario y con quien no voy a estar a gusto porque buscamos cosas completamente distintas y voy a estar siempre planteándome si le gusto yo o no y si a mí me gusta él o no. Pero aún así me gustaba, y me quise lanzar cuando lo que debería de haber hecho es haberme quedado quietecita, que me hubiese ido mucho mejor.
Evidentemente la historia salió mal, y empeoró hasta puntos totalmente insospechados. Y es que me da muchísima rabia que a la gente le dé miedo el lanzarse, que ya no tenemos 14 años, que les paralice el pánico de que algo pueda salir mal, hasta llegar al extremo de que sea ese pánico el que fastidie todo y en vez de convertir una noche en bonita se convierta en noche para olvidar. Pero es que todavía me da más rabia que después de una noche así, de haber estado todo el rato con un miedo atroz, sí que se atreva a estar al día siguiente instiendo a todas horas y que no acepte un no por respuesta, y más con lo que me agobio yo, que prefiero a alguien que no me haga demasiado caso que tener a alguien detrás continuamente, y es que lo de detrás es literal.
Así que en éstas estoy, me he metido en un jaleo horrible con un buen amigo y no sé cómo salir sin que nadie salga demasiado mal parado, las indirectas no valen, las directas tampoco, y a la brusquedad no quiero llegar, pero se me están agotando las opciones de hacer entender el no y me estoy poniendo cada vez más y más nerviosa.
14/03/2007
de guerras, luchas, ideales y pasión
Papá cuéntame otra vez, Ismael Serrano
Cuando yo salía con Art, el chico con el que discutía tanto, la vida estaba llena de fuerza, había muchas cosas por las que luchar, por las que levantarse por las mañanas llena de energía, ahora ya no sé si hay tantas.
Me acuerdo de que después de dejarlo y poco antes de volver estuvimos hablando de lo que queríamos, de lo que íbamos a hacer diferente, de lo mínimo que esperábamos para poder seguir juntos, y él me dijo que no quería perder la capacidad de luchar por lo que no le gustaba, que no iba a admirarme si yo si la perdía, yo me lo tuve que pensar, habían sido muchos meses de luchas en vano, no sabía hasta qué punto quería luchar y hasta cual era demasiado cansancio para lo que, aún en caso de salir todo bien, me iba a compensar.
De repente un día me levanté de nuevo con energía, y escribí una carta llena de fuerza diciendo que iba a luchar por él, que lo iba a intentar, que no iba a perder la capacidad para ilusionarme o indignarme con las cosas que me rodeasen.
Un par de meses después ya no estábamos juntos y ya casi ni nos hablábamos, un año antes estábamos yendo a todas las manifestaciones por la guerra de Irak, estábamos metidos en todos los jaleos relacionados con ello, en todo lo habido y por haber, teníamos discusiones políticas cada vez que salía el tema, que por desgracia en esa época todo el mundo estaba exaltado y continuamente con ganas de discutir. O a lo mejor lo estábamos sólo nosotros dos y la gente nos seguía. No lo sé, pero el año pasado Zaza me dijo que siempre se había preguntado qué habría sido de las parejas que empezaron a salir en Mayo del 69, que siempre había pensado que tuvieron un amor apasionado como pocos, que tenía envidia.
Yo no la tengo, yo eso lo tuve, y lo perdí o lo tiré a la basura, no lo tengo claro. Ahora ni siquiera nos hablamos, a pesar de sí haberlo hecho en medio de todo este tiempo. Ahora soy cada vez más exigente y sé que cosas no me van a gustar incluso antes de probarlas, y me da tanta pereza hacerlo sabiendo de antemano que no me va a gustar... También antes sabía que Art no era perfecto para mí, sabía que eso se iba a acabar incluso antes de que empezase, y sin embargo empezó, y sin embargo aposté por ello, y aunque saliese mal sé que merecía la pena, sé que me compensó, sé que gané más de lo que perdí, pero hoy no soy capaz de apostar por nada así, hoy creo que soy demasiado exigente, me cuesta mucho ilusionarme, también indignarme, pero odio la apatía en la que estoy metida, no me importa derrochar energía, pero quiero tenerla, como la tuve entonces.
Papá cuéntame otra vez ese cuento tan bonito
de gendarmes y fascistas, y estudiantes con flequillo,
y dulce guerrilla urbana en pantalones de campana,
y canciones de los Rolling, y niñas en minifalda.
Papá cuéntame otra vez todo lo que os divertisteis
estropeando la vejez a oxidados dictadores,
y cómo cantaste Al Vent y ocupasteis la Sorbona
en aquel mayo francés en los días de vino y rosas.
Papá cuéntame otra vez esa historia tan bonita
de aquel guerrillero loco que mataron en Bolivia,
y cuyo fusil ya nadie se atrevió a tomar de nuevo,
y como desde aquel día todo parece más feo.
Papá cuéntame otra vez que tras tanta barricada
y tras tanto puño en alto y tanta sangre derramada,
al final de la partida no pudisteis hacer nada,
y bajo los adoquines no había arena de playa.
Fue muy dura la derrota: todo lo que se soñaba
se pudrió en los rincones, se cubrió de telarañas,
y ya nadie canta Al Vent, ya no hay locos ya no hay parias,
pero tiene que llover aún sigue sucia la plaza.
Queda lejos aquel mayo, queda lejos Saint Denis,
que lejos queda Jean Paul Sartre, muy lejos aquel París,
sin embargo a veces pienso que al final todo dio igual:
las ostias siguen cayendo sobre quien habla de más.
Y siguen los mismos muertos podridos de crueldad.
Ahora mueren en Bosnia los que morían en Vietnam.
Ahora mueren en Bosnia los que morían en Vietnam.
Ahora mueren en Bosnia los que morían en Vietnam.
15/03/2007
libertad para elegir
El fallo positivo, Mecano
Hace unos días estuve visitando a mi tercer abuelo, le llamo así pese a que no tengo ningún vínculo de sangre con él, pero tengo muchos sentimentales, más que con mis abuelos de verdad, es al que más cosas le he contado mías, probablemente con quien más tiempo he pasado, es la persona a la que iba a visitar y siempre me quedaba hablando con él de todo y de nada entretenidísima, es una persona muy culta, se puede hablar de todo, tiene un carácter genial, me encanta, y es mi tercer abuelo, y la verdad es que mi familia casi también le ve así.
Pues fui a visitarle, me había avisado mi madre que estaba muy mal, de hecho me había dicho que le fuese a ver porque igual no le iba a poder ver más, y fui. Estaba mal, pero mejor de lo que me esperaba. Su hija se puso a hablar con mi madre sobre lo tercas que son las personas mayores, que son como niños pequeños, blablabla, yo estaba que me subía por las paredes, hablando de él estando delante, como si no las pudiese oír. Me puse a hablar yo con él, que cómo estaba, y cosas así, y me empezó a contar que estaba fatal, que no podía hacer nada, que él no quería haberse operado, que prefería que la enfermedad le hubiese ido agotando poco a poco, que qué hacía todo el día ahí metido, que ni siquiera podía andar, que no quería haberse operado... yo, con los ojos empapados intentando contener las lágrimas no sabía que decirle, porque para mí tiene toda la razón, pero no se la podía dar, no le podía decir, sí mejor que te hubieses muerto que así y descontento, le intenté decir que iba a mejorar, que ya había mejorado desde la operación, ¿no?, me decía que por lo menos mi abuelo podía andar, que mi abuelo estaba bien, pero que él... le conté lo mal que había estado mi abuelo después de su operación y que tras unos meses había mejorado poco a poco, pero, pese a ser verdad, a mí misma me sonaba a excusa ¿quién soy yo para decirle lo que tiene que hacer?
Cuando nos fuimos y se lo dije a mi madre me contó que ya lo sabía, que encima él se había estado informando y que se había enterado de que la muerte por su enfermedad era tranquila e indolora, y que no se quería operar, pero que sus hijos quisieron, que nadie se atreve a dejar que un familiar suyo no se opere y muera.
Y a mí se me calienta la sangre cuando oigo cosas así, a lo que no se debería de atrever la gente es a llevar la contraria a una persona que está tomando una de las decisiones más importantes de su vida, o igual una de las menos importantes, que al fin y al cabo todo el mundo va a morir y a esas edades por muy bien que te salgan las cosas no te queda mucho. No entiendo porqué la gente se empeña en tener a sus familiares vivos si ellos no quieren, ¿para quejarte del trabajo que da delante de él como si la operación le hubiese afectado al oído? ¿por qué se considera generosidad el tratar de impedirle que muera si es lo que él quiere?
Yo no quiero que nadie me lleve la contraria cuando decida eso, no quiero atreverme a llevársela a mis padres si deciden eso algún día, no quiero sentirme inútil y que alguien tenga que estar cuidándome todo el día, no quiero que alguien se sienta así.
Nunca había oído eso de la boca de nadie en persona, claro que vi Mar Adentro, y me pasé la peli llorando de principio a fin de la rabia que me daba que no le dejasen en paz, pero oyéndoselo a una persona a la que quiero y respeto tanto como a él... las lágrimas acabaron cayéndome ya en mi casa discutiéndolo con mis padres.
26/03/2007
hay dias
46 minutes, Daisybox
Hay días que no sé si soy demasiado impaciente o demasiado poco. Hay días que no sé si soy demasiado autoexigente o muy vaga. Hay días que no sé si soy una persona lanzada o demasiado tímida. Hay días que no sé si estoy demasiado salida o soy demasiado pudorosa. Hay días que no sé si soy una persona culta o demasiado ignorante. Hay días que no sé si soy una persona segura o insegura. Hay días que no sé si soy una persona interesante o una totalmente anodina. Hay días que no sé si soy una persona fuerte o débil. Hay días que no sé si soy inteligente o tonta.
Hay días que no sé quién soy, que no sé dónde estoy ni porqué, que no sé porqué lucho, ni qué busco, ni qué quiero. Hay días que hacerme todas estas preguntas me cuesta demasiado esfuerzo.
27/03/2007
lo odio, lo odio, lo odio
Déjame, Los Secretos
Hay cosas con las que no puedo, y que Pesao, el tío con el que me lie una noche de hace un mes por error, esté todo el rato pendiente de mí no lo aguanto. No puedo más, y a mí estas cosas se me notan, no soy nada discreta, soy incapaz, si algo no me gusta se me ve en la cara, no entiendo cómo él puede no verlo.
Me habla por el Messenger cada vez que aparezco, me espera todas las mañanas a la puerta de clase en vez de quedarse dentro con sus amigos, me pregunta todos los días qué tal estoy, me mira cada vez que está en la misma habitación que yo, me da la razón en cualquier tema, aunque la conversación no vaya con él se mete para llevarles la contraria a los que me la llevan a mí, me pregunta todos los días por mis problemas, y yo… me agobio.
Odio que me hagan eso, prefiero a alguien que pasa un poquito de mí que a alguien a quien no me puedo quitar de encima. Odio que me den la razón continuamente, como si fuese tonta y no se me pudiese llevar la contraria, prefiero hasta discutir. Odio que la gente crea que a las chicas nos encanta que estén todo el rato pendientes de nosotras. Creo que esa idea la tienen los que quieren seguir pensando que nos sentimos invisibles e inseguras cuando alguien no nos hace caso, que todo lo hacemos para que se nos mire, porque sin ellos no pensamos, no decidimos, no vivimos, no respiramos. Pero yo no respiro cuando alguien está tan cerca que me quita el aire, como me está pasando ahora.
A mí me gusta que me dejen ir a mi aire, incluso aunque fuese mi novio, que no es para nada el caso, me gustaría que me dejase mi tiempo y mi espacio. Aunque fuese mi pareja no me sentiría mal porque me llevase la contraria en una discusión, no sólo es que no tengo la razón siempre, sino que hay cosas en las que nadie la tiene y son sólo opiniones, y no me siento mal cuando mi pareja tiene la contraria a la mía. Pero me siento fatal cuando pasa lo contrario, ahí sí que siento que mis opiniones dan igual, que si dijese que los elefantes son rosas y vuelan me seguirían dando la razón, que no se me escucha, que no se valora lo que digo. Que me miren todo el rato no me hace sentir cuidada, o atractiva, me hace sentir vigilada, o acosada, me agobia mucho.
A ratos pienso que soy una exagerada, que el chico ya ha entendido el no, y que tengo que dejarme de paranoias que no está tan pesado todo el rato, pero luego estoy más de una hora con él y veo como no me quita ojo de encima, y como cada vez que habla es para darme la razón y me da rabia y me entran ganas de llevarle la contraria, o de marcharme corriendo, igual pruebo a decir lo de los elefantes rosas voladores, a ver qué pasa.
